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miércoles, 24 de octubre de 2012

Misión Nueva Realidad Comunicacional

“A quién le vas a creer, a mí o a tus propios ojos?” Groucho Marx, creo que en “Sopa de Ganso”.

“La realidad es eso que sigue estando aún cuando yo ya he dejado de creer en ella” Philip K. Dick, escritor estadounidense

“Las peores guerras son las guerras del pensamiento” Algys Budrys

“La política es la guerra por los medios” Clausewitz adulterado.

La realidad es una convención, entendiendo convención como dice el RAE:
- convención:
(Del lat.conventĭo, -ōnis).
Y otras dos que de momento no nos interesan. Si crees que exagero, ve y pregúntale a un chavista cual es “la realidad del país”, y luego haz la misma pregunta a un antichavista. ¿Viste? Ok, continuemos.

El habitante de una comunidad pequeña, rural o poco urbanizada percibe la realidad a través de sus sentidos y la interpreta de acuerdo a los códigos que le transmiten sus parientes, amigos y vecinos: lo que puede significar que si el atardecer es anaranjado quizá podamos sembrar hoy, o si es malo comer la cabeza de “soapara”, las tradiciones, historias, costumbres, etc. El arrollador advenimiento del urbanismo individualizante y de la vida “moderna”, en la que las personas abandonan el núcleo familiar para estudiar a veces a miles de kilómetros de su lugar de origen, para luego realizar tareas que probablemente nunca había visto hacer a nadie de su antigua comunidad, indudablemente crean una ruptura. Su antigua comunidad es sustituida por otra de indivduos que comparten intereses distintos a los de las comunidades de donde provienen, creando una nueva escala de valores y metas. El joven campesino se conviertió en doctor en medicina, que se reúne con sus colegas para formar una clínica, el hijo del comerciante se hace ingeniero y comienza a trabajar en una trasnacional petrolera, etc. En la gigantesca aglomeración urbana y en medio de interminables jornadas laborales, nuestra información relevante ya no proviene directamente de nuestros sentidos: no nos interesa si el atardecer anaranjado presagia lluvia porque ya no dependemos del cultivo sino de que mi carro funcione bien para llegar al consultorio o tener la ropa adecuada para mi labor, etc. Mi información relevante, que me dice cómo debo vestir, hablar, qué carro usar, cómo pertenecer a este ambiente ya no nos la dicen nuestros padres o abuelos, sino los medios de comunicación. A su vez, es imposible que en una ciudad grande pueda mantenerme al tanto de lo que pasa, de lo que dice por ejemplo su alcalde, o de las cosas que acontecen si no es por los medios de comunicación. Estos medios son una extensión de los ojos y oídos, si ellos no me cuentan algo, yo no lo puedo saber por mí mismo. Si tomasen una rosa roja, pero la imagen que ellos me transmitieran por error o intencionalmente fuese cambiada a azul, yo juraré sobre mil biblias que el objeto en cuestión era azul, porque en MI percepción LO ES. Un medio de comunicación que distorsiona más allá de un punto “razonable” produce el mismo efecto de una mente intoxicada por las drogas o que padece esquizofrenia u otra patología: percibe una “realidad” diferente, distorsionada. En una era en que millones de personas dependen de los medios de comunicación para estar informados, no pedirles algún grado de objetividad equivale a que alguien vierta un millón de litros de LSD, un virus o algo por el estilo en el agua que beberán los habitantes de una ciudad. Algo así sería un acto criminal, así como negligencia criminal permitirlo. Básicamente, esa es la situación que tenemos ahora: hay millones de personas en nuestro país y en el mundo consumiendo información falsa o distorsionada que altera su percepción de la realidad. Para volver al símil, no basta con darles un antídoto: hay que purificar el agua e impedir que la contaminen más. De igual modo, no vale nada tener una continua campaña de desmentidos: tenemos que, por un lado, impedir que sigan impunemente difundiendo mentiras y muchas veces terror para generar odio; y por otro sacar a relucir una realidad más cercana a lo que podamos convenir (nuevamente el término) como objetiva, o al menos veraz e imparcial como exige nuestra Constitución . Hay leyes para lo primero que no hacemos cumplir por una mezcla de negligencia y blandenguería, pero en este análisis queda claro que es un problema de salud pública y de seguridad nacional. No pueden seguir inyectando terror y odio impunemente en la gente para que protejan los intereses de los dueños de los medios y de sus titiriteros. Para lo segundo, quienes han tenido en sus manos la comuncación en la Revolución se han dedicado a producir antídotos como “La Hojilla” o “Cayendo y corriendo”, que por supuesto tienen sus méritos, pero está claro que si por un lado no impedimos que la gente se intoxique y por otro el intoxicado no se quiere curar, tenemos perdida la batalla antes de comenzar. El opositor al socialismo, a menos que sea el dueño de una gran empresa, no debe ser visto como “enemigo” o “adversario”: es más bien una víctima de la intoxicación de decenios de propaganda, de alimentarse por años de ese pienso barato que se distribuye en forma de periódico, revista, o “programación de TV”, que lo ha acompañado mientras cena, se toma una cerveza, está manejando o va al baño, y que lo convierte en un borrego que puede ser convenientemente esquilado (lo llaman “austeridad”, “recortes” o “ compras navideñas”) o sacrificado (“hay que ir a matar terroristas para defender a tu patria”) cuando se necesite.

Por ello no basta con responder a los infundios mediáticos de la maquinaria adversaria: se trata de crear una comunicación con la suficiente planificación y poder para convertirse en una nueva convención mayoritaria. En mi modesto criterio, el remedio más grande será crear una visión nuestra pero de todos, unificadora, honesta, contrastable con hechos objetivos, positiva y constructiva. A ver, me explico más despacito. Si tu tienes como yo amigos e incluso familiares en la derecha, sabes que ellos también aman a sus hijos, a su país, son trabajadores, la mayoría honestos, etc. No en la totalidad de los casos, pero seguro que en la mayoría es así. Entonces podríamos decir que compartimos principios, aunque diferimos en las percepciones de cómo interactúan esos principios con nuestras divergentes realidades. Pero ya tenemos un punto de partida: si no encontramos un punto en común, no nos escucharán, y si no nos escuchan, seguimos en lo mismo, predicando entre conversos. Un vendedor hábil con un buen producto que sólo tiene que vender una vez a cada quien sabe que no puede haber venta si primero el cliente no le escucha. El socialismo es el mejor “producto” del mundo, lo que pasa es que hemos sido muy malos vendedores por un lado, y por otro nos llevan cien años de mala publicidad de delantera. Si mentimos, la “venta” se nos “caerá”: tendremos “ devoluciones”, y el “cliente” no querrá saber nunca más de nosotros: hay que ser honesto en la comunicación, no crear expectativas falsas. Así que ya sabemos que podemos crear una visión revolucionaria pero en la que todos (o al menos una significativa mayoría) se puedan sentir incluidos (nuestra pero de todos, unificadora), honesta porque incluye no sólo el bien que hacemos sino lo bien que rectificamos el mal que podamos hacer, contrastable con hechos objetivos (erradicación del analfabetismo, aumento del IDH, reducción de la pobreza, desiguadad, índice de subnutrición, etc.), positiva (Chávez ha incluido un elemento mágico en la ecuación del socialismo bolivariano: la felicidad) y constructiva (avanzar hacia el desarrollo en igualdad social y equilibrio natural). Por supuesto, el arte no puede quedar apartado de esto. Vamos por un camino correcto en principio con canales de TV propios como Vive, TVES o el esfuerzo de “La Villa del Cine”. Hay más socialismo en diez minutos de Chaplin que en los tres tomos de “El Capital” (vamos, excomúlguenme). Por ello no podemos descuidar al cultivo del arte y el entretenimiento, siempre y cuando no lo usemos por ejemplo para remedar de manera ridícula y caricaturesca las películas de Hollywood o que nuestros medios imiten a los canales de cable cada vez más sensacionalistas en su despiadada competencia.

Chávez ha sido un maestro en comunicación: es un orador magnético que ha sabido hacerse escuchar y transmitir sus ideas con honestidad y pasión. Pero debemos darnos cuenta de que hay una inmensa multitud de personas cuyas percepciones y condicionamientos a los que me referí antes hacen imposible que acepten a Chávez y su propuesta porque es mestizo, o porque es del interior, o porque es militar o porque no les gusta cómo canta: vamos a comenzar porque nos escuchen, y luego podremos decirles por qué el socialismo. Tenemos primero que encontrar cómo hacernos escuchar para desactivar esos terribles condicionamientos al odio y la discriminación. Tenemos primero que desactivar la espoleta del odio para poder ser escuchados.
Un gran punto de avance en este sentido lo hemos visto en la reciente campaña presidencial: para obtener votos, la derecha tuvo que aceptar la validez de propuestas indudablemente socialistas, e incluso más: adoptar como propias las Misiones, la salud y educación para todos, etc. Era casi un chavismo sin chávez lo que al final proponía (de boca para afuera, claro está) el candidato Capriles. Así que no estoy tan desencaminado en mis razonamientos de que compartimos con la oposición de base más de lo que ella creía.
-Hay que comprender que hay compatriotas que se han criado viendo TV, oyendo radio, viendo el cine y leyendo diarios y revistas que le han dicho por décadas que el socialismo es gris, que esclaviza, que es la anulación del individuo. Y por otro lado le han dicho que para ser hay que tener, que para tener hay que prevalecer en un mundo desigual en el que hay perdedores y ganadores y ya sabes de qué lado quieres estar. Y para saber qué hay que tener debes ver en la TV o las revistas qué usan tus “ídolos” deportivos, estrellas de rock o el deporte, o viajar a esos lugares y ver a esa gente chévere, etc. Ellos no te mienten cuando te dijeron que te sentirías bien comprándote tal perfume, teléfono o carro. ¿Por qué te van a mentir cuando te dicen que Chávez es un dictador comunista que te va a quitar todo lo que te gusta? Y así por el estilo. Es una “Matrix” muy convincente, en verdad, y para desmontarla hace falta mucho más que una “Hojilla”. Hay que desaprender y aprender. Pero antes nos deben escuchar.

Para esta nueva visión, entonces:

-No podemos esperar que escuchen a Chávez o a Mario Silva quienes tienen 14 años rechazándolos. Debemos encontrar puntos en común e interlocutores o “mediums” que puedan ser escuchados por quienes piensan diferente. Éstos “mediums” no tienen que ser personas: pueden ser actividades, como lo saben muy bien los evangelizadores cristianos o los embajadores gringos, después de todo algunas cosas se pueden aprender de ellos. Tenemos que romper el muro de “nosotros y ellos”. Los venezolanos, así como los latinoamericanos en general, tenemos una enorme facilidad para encontrar vínculos: tenemos historia, idioma, fauna, geografía, cultura, etc., que nos facilita mucho el asunto. A través de estos puntos en común podemos crear los espacios necesarios para la comunicación efectiva.
-No es decirles que esta Revolución los incluye: es que lo sientan. Yo creo que una gigantesca oportunidad se nos avecina con el reciente exhorto de Chávez a crear de verdad el Estado Comunal. Ahí en cortico, los propios intoxicados podrán participar de la propuesta socialista, hacerla real, podrán crear bienestar a través de unaccionar socialista casi sin darse cuenta, de la misma manera que quienes vivimos no estamos todo el tiempo conscientes de nuestra respiración. Un centro de rehabilitación para intoxicados por el capitalismo, digamos. Evidentemente esto no será así siempre, pero espero que sí la mayoría de las veces, porque como ya lo advirtió Fidel hace años, “aquí no hay 4 millones de oligarcas”. Tengo mucha esperanza en que la realización de las Comunas llevará aparejada un aumento de nuestro bienestar y de la comprensión de la bondad de la propuesta socialista de Chávez. Por eso supongo que tiene tanta oposición e incomprensión, incluso desde algunos sectores del “chavismo” alérgicos al poder popular.

-La propaganda reaccionaria ha hecho un gran trabajo disociando al Gobierno Socialista de sus beneficios: mucha gente en realidad cree que pudieran existir las Misiones, protecciones hipotecarias, banca pública, educación universitaria gratuita, Seguridad Social Universal o cualquier beneficio social en un gobierno no socialista. La comunicación de la Revolución se ha ocupado más en publicitar lo que no somos o hacemos que lo que queremos y hacemos realmente.

-Tenemos que ser implacables con los burócratas y negligentes. Es frustrante ver cómo algunos medios estatales sólo hablan del gobierno cantando loas y alabanzas, mientras se nos va la luz o el transporte público es catastrófico, etc., y no puedes hacer una denuncia porque no te hacen caso. Para ver una denuncia no puede ser que tengas que poner Globovisión. Es un “autosuicidio”, como diría CAP. Debe no sólo darse cabida a la denuncia de los defectos propios de la Revoución, debe alentársela, pero por supuesto que también debe dársele pronta respuesta y solución, porque si no es otro “ autosuicidio”. Supongo que muchas de esas consideracines pasaron por la mente de Chávez cuando nombró a Ernesto Villegas Ministro de Comunicación e Información, ya que él suele incluír en su programa de entrevistas, así como en su diario y en su propia expresión cotidiana manifestaciones críticas al gobierno de Chávez y de sus correligionarios. Es que un mundo de “perfección revolucionaria” sería tan alucinante como el delirante universo paralelo que nos montan las empresas privadas de información. Y también supongo que nombró a Villegas porque Vanessa Davies es demasiado inteligente para “calarse ese bacalao al hombro” que debe ser ese Ministerio. O trabajar con Chávez. En fin. Me imagino: “Tu misión, Ernesto, si decides aceptarla...” Este mensaje se autodestruirá en las próximas elecciones, si no logramos la misión. El gran logro de Chávez ha sido crear una visión y lograr comunicarla, más que eso, plantárnosla en nuestras cabezas, que la hayamos hecho propia. Es nuestra misión ahora hacer que otros la puedan compartir o que al menos se den cuenta de que no hay nada que temer de ese proyecto que no es otra cosa que un modelo para la liberación del ser humano. Casi que evangelizadores, si quieres. Pero sin espadas ni hogueras, claro...

-La ultraortodoxia revolucionaria. Es intolerable el “revolucionómetro” que tienen muchos para saber si eres o no un “verdadero chavista”, o si antes eras adeco o tu papá era copeyano, como si tuviéramos que probar nuestra pureza aria ante un tribunal nazi. El propio Chávez ha dicho más de una vez que mucho daño le hacen a la Revolución lo que quieren ser “más papistas que el papa”, los más chavistas que Chávez. También las interminables y farragosas disquisiciones teóricas marxistas, lo siento para quien se escandalice, pero me dejan frío. Creo que cada cosa a su momento. A lo largo de décadas de nada nos han servido un puñado de eruditos marxistas en un monte o en un cafetín: cuando Chávez apenas entreabrió la puerta del futuro y nos dio chance de echar un vistazo, millones hemos metido el pie y los hombros para que no nos vuelvan a cerrar esa puerta. Espera a que crucemos el umbral y me dices cómo vamos a aprovechar esos tesoros. Pero primero necesitamos que se nos unan más manos y hombros para abrir la puerta, o al menos convencerlos para que no quieran colaborar en cerrárnosla. No sin cinismo Russell escribió “ El destino de los rebeldes es crear nuevas ortodoxias”, cita que me viene a la mente más veces de las que desearía. Marxista cristiano, bolivariano magallanero, llanero de corazón, caraqueño por adopción, militar revolucionario, todo lo pregunta, lo pone en duda y lo coloca “patas arriba”... ¿quién más heterodoxo que Chávez? Esa heterogeneidad, ese cúmulo de aparentes contradicciones que es Chávez es el multifacético espejo donde muchos tan diferentes podemos vernos reflejados. Esa es una de sus principales cualidades de comunicador, y es una muy digna de imitarse porque es útil y constructiva. Un “chavista ortodoxo” es una contradicción en sus términos escenciales.

-Esa ortodoxia ha subestimado el poder de la publicidad y la comprensión de los elementos del marketing para “vender” una idea, un concepto. Sin embargo no tiene reparos en usar la publicidad y el marketing más “ bandera” para vender candidatos. Yo creo que el marketing y la propaganda están lejos de ser “armas melladas” y que una buena idea ben comunicada hace lo que dos horas de un documental o una lectura farragosa no consiguen. Si sólo enumerar las cosas buenas de un producto vendiera, la publicidad no existiría. Una caricatura, un corto, etc. , tienen un extraordinario poder de generar una emoción empática, que es todo lo que necesitamos, como seductores: esa primera sonrisa y estamos listos. Hay imágenes que sin dejar de ser de alto contenido político, son extraordinariamente llamativas y sugerentes. Si no me creen, vean lo que hace la gente de Trinchera Creativa. Pero claro, eso sólo lo ves en Internet. Imagina algo así en otros medios: humor, irreverencia, dominio del lenguaje, referencias culturales, talento, hacer pensar. Aquí hay talento “pa tirar pa'l techo”. La cuestión es organizarlo y usarlo planificadamente. Sería como un antivirus mental viral. Una “bomba sólo mata condicionamientos”. Un molotov ideológico. Etc.
Esa ortodoxia también excluye temas “pelúos” que en otros países supuestamente más “ conservadores” ya legislan de una manera mucho más liberal, como libertad sexual, aborto, drogas, etc. Hay que dar el espacio en nuestros medios para que la gente pueda discutir sobre esos o cualquier tema que considre de su incumbencia. ¿O vamos a esperar que lo haga la derecha porque eso les reditúa mediáticamente y les permitirá seguir casificándonos como “trogloditas”?

-Aprovechar la coyuntura global y las “redes sociales”. El agotamiento del modelo capitalista reflejado en el sufrimiento que inflige a los pueblos europeos o los estadounidenses que se quedan sin casa y son aporreados por la policía cuando protestan, el calentamiento gobal producto de la insaciable codicia que impone el capitalismo suicida son temas sensibles para los más jóvenes en los que es realitavamente claro establecer cuáles son sus causas y cuán graves pueden ser sus consecuencias. Muy poco hemos hecho para que nuestros jóvenes se den cuenta de la íntima relación entre la política y el bienestar (o malestar) de las sociedades y del paneta. Mientras Chávez habla de eso, nosotros estamos en el “1 por 10”, o diciendo por qué Ledezma es facha, o cualquier pendejada. Mientras el sabio señala la Luna, el bobo mira el dedo...
Nuestro manejo de las llamadas “redes sociales” es un desastre, a pesar de contar con un numeroso y talentoso ejército de programadores, internautas y voluntarios pa' lo que sea. Para comenzar, no tenemos servidores propios, redes propias... Vamos a una batalla en la que le tenemos que pedir al enemigo que nos preste su pistola y sus balas. Absurdo. Hasta Aporrea estaba alojada en servidores en EE.UU., al menos la última vez que verifiqué. Repartimos teléfonos móviles y computadoras como locos y, además de no tener centros de reciclaje de pilas y celulares viejos (seria contradicción para quienes pretenden diferenciarse del capitalismo destructor), tampoco enseñamos a usarlos, ni creamos “aplicaciones” ingeniosas para interactuar, crear campañas o educar. Es como si antes de una batalla hubiésemos elegido el terreno perfecto, lo llenamos de armas y lo abandonamos al enemigo. No hacemos más campañas que usar “tags” en Twitter Inc. y pendejadas así, como carajitos en el liceo. Por su parte, los zombies de la derecha nos atacan desde nuestras computadoras que compraron en planes sociales en VIT, a través de la Internet que les brinda la CANTV estatal, usando el Satélite Simón Bolívar, con electricidad subsidiada, etc. etc., y ni ellos ni la mayoría de nosotros son conscientes de estas cosas. Para ellos, en medio de su intoxicación, “el rrrégimenn quiere controlar internet”. Naguará.

-Caracas sigue siendo Caracas, y lo demás monte. Si bien en la capital hay foros, eventos, se editan diarios, etc., el interior del país está abandonado más o menos a su suerte. Una sólida estrategia comunicacional que pretenda erigirse en una “nueva convención de la realidad” es imposible si cada ciudad y pueblo queda al garete, según sople el viento local. Primero hay que permitir que las comunidades puedan ejercer la comunicación en verdad, que esa comunicación no se vuelva como la “reforma agraria” y los medios comunales vuelvan a caer en las manos de los latifundistas mediáticos, y, sobre todo, que cubra las necesidades de la población. La comunicación debe diversificarse en redes lo suficientemente dúctiles para que sea accesible a la mayoría de las comunidades, pero que a la vez permita mantener la compatibilidad y capacidad de intercambio de contenidos. No puede ser que más allá de VTV, TeleSur, El Correo del Orinoco, Vive, y tres o cuatro más no tengamos más nada que ofrecer a la increíblemente armada artillería mediática neoliberal. Cualquier pueblito del interior está erizado de antenas de Direct Tv, ahora que les queda dinero para el home enterteinment, ya que gracias a Mercal, las Escuelas Bolivarianas, los subsidios eléctricos, las pensiones, los Barrio Adentro, los CDI, etc. ahora tienen tiempo de ocio y algo de dinero. ¿Es un triunfo o una contradicción? Les estamos dando ocio y dinero, y no les damos ninguna alternativa que no sean las que les da el consumismo para llenarlo. A través de esos platitos que miran al cielo a los que ahora tienen acceso, llegan todos los días los mensajes de que el socialismo es esclavitud, que lo chévere es ir a Miami, que Chávez es un dictador....¿Somos idiotas o qué? Lo increíble no es que la oposición haya sacado seis y medio millones de votos. Lo increíble es que todavía Chávez gane elecciones. Yo tengo más de siete meses esperando que me entreguen mi “CANTV Satelital”, que lava el cerebro igual pero más barato. Hace unos meses me llamaron para entregármelo y resulta que cuando llegué, no había. Me hicieron ir por nada. No contentos con eso, en la empresa que maneja todas la telecomunicaciones y los más sofisticados sistemas informáticos del país, hicieron que anotara mi nombre ¡en un cuaderno de colegial! Es de no creerlo. Y del fulano decodificador aún nada, claro.

-Yo no creo que esta guerra se libre en los medios, ello equivaldría a decir que se batalla sobre un cañón o un barco. El campo de batalla es nuestra percepción y el objetivo es nuestra mente. Si los medios fueran el campo de batalla, no existirían ni la Revolución Bolivariana, ni la cubana ni prácticamente ninguna otra que han tenido que vérselas con inmensas y abrumadoramente superiores complejos mediáticos, y sin embargo allí están ambas. La Revolución cubana, más “veterana”, nos demuestra que la superioridad moral y ética es la mejor defensa para que nuestra percepción no se vea alterada, y así sus armas sean inútiles, al menos parcialmente. Pero el proceso cubano ha sido muy diferente al nuestro, hay una buena parte de nuestros compatriotas que no conoce ni comparte las luchas y motivaciones de la otra, y hay que dárselas a conocer sin demora.

- Por ello no podemos permitir que continúa la intoxicación. Fernando Buen Abad, lamentablemente Buen Abad en el desierto, viene clamando solitariamente desde hace años la necesidad de crear nuestra fortaleza comunicacional sobre esas magníficas plataformas que suponen la CELAC o UNASUR. En principio, no puede haber impunidad para quienes usan los medios para inyectar terror y odio en las mentes de nuestros compatriotas. Acciones judiciales, acciones comunitarias, asociaciones de padres, etc., debemos organizarnos para combatir la difusión de mensajes de odio y violencia en cualquier medio y con cualquier fin. Lamentablemente la impunidad blinda las arremetidas de los medios contra la población. Su poder económico, de persuasión y extorsión son inmensos. El Presidente Correa de Ecuador ha sido muy valiente al tomar algunas medidas en contra de este tipo de acciones, pero estoy de acuerdo con Abad en que sería inconmensurablemente más efectivo que estas acciones tuvieran respaldo con al menos una declaración de la CELAC o UNASUR que propongan límites a lo que los medios pueden o no hacer y deban ser.

Y hasta aquí para comenzar, como dije.

Excusas:
No soy ni filósofo ni comunicador (como se grita en este demasiado extenso material), soy sólo otra persona muy preocupada viendo cómo mediante pueriles razonamientos y manipulando inmoralmente con una repugnante falta de ética los miedos y condicionamientos sembrados por años en las mentes de personas valiosas e inteligentes se las arrastra al terror y al odio, con el objeto ruin de que en vez de ir hacia su liberación, colaboren en su propia esclavitud y pobreza y en la de sus hijos, como vemos muy claramente que pasa hoy en Europa, EE.UU. y otros puntos del globo, donde en lo interno avanza el Estado policial, la pobreza y la desigualdad y en lo externo el armamentismo, las invasiones, los genocidios, la intoxicación y degradación de la biósfera. No es poca cosa lo que está en juego. Nos jugamos nuestra libertad, nuestra supervivencia y nuestro espíritu. Y por tanto el futuro de mi amadísimo hijo. En nombre de eso me he permitido perpetrar estas líneas. Creo que es una buena excusa. La mejor.

Christian van der Dys

Valencia, Venezuela, 24 de octubre de 2012

Comunicación para una nueva convención de Realidad. ¿Misión imposible?

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